- A fondo -

Revista Azul y Verde | Nº 29

30 años de la llegada del gas natural a Madrid

La década de los ochenta estuvo marcada por una intensa efervescencia cultural y política en la capital, un dinamismo que también se trasladó al sector energético gracias a la irrupción del gas en la ciudad en 1987

José Rivera, Isidro del Valle, Francisco de la Flor y Jesús Gutiérrez.


En 2017 se cumple el trigésimo aniversario de la llegada del gas natural a la Comunidad de Madrid, un reto que supuso un antes y un después para el sector energético en España y un hito en la historia de Enagás, la compañía que lo hizo posible.

El 12 de mayo de 1987 a las 12 de la mañana entraba en la capital de España el gas, una vez finalizada la construcción y puesta en servicio el gasoducto Burgos-Madrid. Este hecho permitió el suministro de esta energía a industrias y hogares de Madrid, de municipios limítrofes y de Guadalajara.

Francisco de la Flor, director de Asuntos Regulatorios Internacionales, Jesús Gutiérrez, director de la Secretaría Técnica de Infraestructuras, José Rivera, director de Tecnología e Innovación, e Isidro del Valle, director de Auditoría Interna, recuerdan este acontecimiento y lo que supuso para el conjunto de la organización.

En este sentido, para Isidro del Valle, jefe de sección de Tesorería en ese momento, 1987 fue, sin duda, un punto de inflexión para Enagás: “No solo se culminó el proyecto de Madrid. Ese año también se amplió el capital de la compañía y la plantilla experimentó un incremento del 29% respecto a 1986, al pasar de 617 a 796 profesionales. Además, por segundo año consecutivo, se cerraba el ejercicio con cifras positivas, una tendencia que se ha mantenido hasta el día de hoy. Por todo ello, fue un año realmente importante para Enagás”.

Los orígenes
La aventura de introducir el gas natural en Madrid comienza con la firma del Protocolo del Gas en 1985, un acuerdo que buscaba revitalizar la gasificación en nuestro país. Esta firma supuso el impulso para el desarrollo de Enagás y significó el empujón definitivo para la construcción del gasoducto hacia la capital.

“En 1987, además de culminar el proyecto de Madrid, se amplió el capital de la compañía y la plantilla experimentó un incremento del 29% respecto al año anterior”

Desde el inicio de la construcción de dicho gasoducto hasta su puesta en marcha pasaron apenas catorce meses, un periodo de tiempo en el que se cumplieron todos los plazos, superando más de una dificultad técnica. “La llegada del gas desde el gasoducto Haro-Burgos a Madrid se desarrolló en dos tramos, uno de Villalbilla de Burgos a Encinas (Segovia) y otro de Encinas a Algete (Madrid). Entre los dos sumaban más de 200 kilómetros. El gasoducto recorría áreas de dificultad constructiva media, pero también tuvo que superar zonas de dificultad muy elevada”, apunta José Rivera, que en ese momento era jefe del equipo de supervisión de Enagás y director facultativo de las obras.

Para Jesús Gutiérrez, en aquellas fechas jefe del departamento de Mantenimiento, el mayor contratiempo estaba en los plazos establecidos: “Nuestro equipo iba tras el de Construcción para introducir el gas en cuanto ellos hubiesen terminado su parte de la obra. Había tramos en los que literalmente les pisábamos los talones para poder llegar a tiempo”.

Los profesionales de la compañía en aquel momento hicieron un esfuerzo por llevar a cabo con éxito un proyecto retador por sus exigentes plazos y de responsabilidad por la repercusión mediática que suponía la llegada del gas a Madrid. Una vez que el gas entró en la capital, el siguiente paso era conectar el gasoducto a las infraestructuras de las compañías que habían contratado el suministro y comprobar que estas funcionasen correctamente. “Por entonces yo estaba contratado en prácticas en la parte más técnica del departamento de Comercial.

Desde allí nos encargábamos de la supervisión del diseño, ejecución y correcto funcionamiento de las instalaciones internas de los consumidores”, señala Francisco de la Flor quien recuerda que las dos primeras empresas que se conectaron a la red de Enagás fueron la fábrica de cerveza El Águila, en la carretera de Burgos, y Tolsa, en Vicálvaro.

A partir de la llegada del gasoducto a la Comunidad de Madrid la historia de Enagás se ha escrito en clave de constante desarrollo

En constante evolución
¿Por qué el gasoducto Burgos-Madrid fue tan estratégico para la compañía? Principalmente porque, junto a Barcelona y Castellón, la capital era uno de los principales nichos energéticos del país, con cerca de un 30% del mercado potencial. Además, era un momento crucial para aquellas empresas que demandaban el consumo de gas natural por su relación producción-calidad-precio.

A partir de aquel proyecto la historia de Enagás se ha escrito en clave de constante desarrollo. “Desde entonces se ha multiplicado por nueve el consumo de gas natural, nuestras instalaciones se han expandido a lo largo de todo el territorio nacional pasando de 2.000 a 12.000 kilómetros de gasoducto, y el conjunto de nuestra base de activos es ahora 20 veces mayor que entonces”, explica Francisco de la Flor.

“Realmente, la experiencia adquirida en estos años ha hecho posible que la compañía se haya abierto hacia la expansión internacional, lo que nos va a permitir mantener el ritmo de crecimiento de la empresa, aunque siempre permanezca la base del negocio tradicional”, concluye Isidro del Valle.

El gasoducto Burgos-Madrid en cifras:

Tramo I: Villalbilla de Burgos-Encinas: 105,9 km

Tramo II: Encinas–Algete:
102,8 km

Longitud total:208,7 km

Diámetros: 20 pulgadas y
26 pulgadas


Profesionales del Centro de Transporte de San Fernando a principios de los años 90.


El Presidente de la Comunidad de Madrid en 1987, Joaquín Leguina, visitó el Centro Principal de Control de Enagás en el acto ‘Madrid con gas natural’, con motivo de la llegada del gas natural a la capital.